La socio-química de la Ansiedad.

Actualizado: jun 8

En otras notas de mi Psicoblog he hablado de la Ansiedad y en mi Instagram puedes ver entrevistas sobre el tema. Hoy quiero contarte por qué para mí es tan importante que NO te tomes a la ligera tus emociones ni pienses que la solución a las "crisis de ansiedad" está sólo en "pensar positivo".


En Ella Migra y en los espacios de Psicoterapia que llevo a cabo, hago hincapié en trabajar Cuerpo, Mente y Emociones. Es fundamental que entiendas que, cuando se trata de cualquier emoción, no sólo estamos hablando de que las experiencias sociales, afectivas, familiares o culturales nos llevan a vivir las emociones como las sentimos; sino que también estamos hablando de que las emociones tienen su propia química, así que, entender esa química, te permitirá tener más consciencia, compasión, sensatez y herramientas para abordar las emociones que te cuestan.

Me tomó años entender la Ansiedad paralizante en mi propia vida y más aún, cultivar herramientas psicocorporales diversas para gestionarla, motivo por el cual decidí entregarte en el Psicoprograma de "Deja ir la Ansiedad", algunas herramientas clave y aplicables a la cotidianidad.

En este psicoprograma aclaro algunos de los patrones neurobiológicos que se activan cuando vivimos Ansiedad Paralizante y hoy te comparto en esta psiconota algo de ello.


Recuerda que la Ansiedad NO es mala. Sin ella, no seríamos capaces de actuar con rapidez, de tomar decisiones y de contar con ventajas que nos da, cambiando nuestro cuerpo para que, por ejemplo, podamos ver mejor los contornos de los objetos.


El problema aparece cuando una persona reacciona con una respuesta de alarma o con ansiedad frente a estímulos que no son una amenaza; precisamente, ese es el origen de las sensaciones extrañas que a veces sentimos cuando nos ahoga el nerviosismo y es allí donde la Ansiedad se vuelve un problema; problema con el que convivimos millones de seres humanos en el mundo.


Sistema nervioso simpático: reacción en cadena...


La ansiedad como esa compleja manifestación de sensaciones o a veces síntomas que nos inmovilizan, tiene un nido importante en el sistema límbico, la parte más primitiva del cerebro, el cual se encarga de gestionar las respuestas adaptativas delante de un peligro (instintos de supervivencia) a través de la amígdala. Cuando nos encontramos delante de un hecho muy estresante como la exposición ante un evento social, la amígdala envía un mensaje de huida (también puede ser una respuesta de ataque o buscar un refugio) para que podamos salvar la vida de la pena o la crítica de quedar expuestos.


Así visto, la ansiedad es también una respuesta automática de nuestro cerebro primitivo para que podamos escapar de aquello que puede atentar contra nuestra integridad o que percibimos como peligro. Al mismo tiempo, la amígdala también ordena a las glándulas suprarrenales que segreguen hormonas del estrés como la adrenalina que sirve para acelerar la respiración y el corazón, dilatar pupilas y tensar músculos.


Cuando una persona tiene diagnosticado un trastorno de ansiedad, a nivel neuroquímico se traduce en que los canales neuronales que regulan las respuestas de huida o ansiedad no están funcionando adecuadamente, son mucho más sensibles y susceptibles de fallar, de manera que quien padece dicho trastorno ve activados dichos circuitos en momentos en los que no es necesario, de forma más elevada o durante más rato de lo necesario.


Esa situación va desgastando al sistema nervioso pues, el hecho de tener estos canales o circuitos más sensibles y funcionando de forma errónea, lo llevan a desarrollar secuelas de tipo psicológico, como por ejemplo fobias diversas. ¡Recordemos que muchas cosas en la vida, las aprendemos por asociación! Entonces imagina que un día estando a punto de salir a una reunión social luego de un largo periodo de aislamiento por la cuarentena, sufres un ataque de pánico, haciendo que se active en ti el sistema de huida y prefieras llorar, gritar y volver rápidamente a la cama. Puede ser que, si esto te pasa en más de una ocasión, acabes desarrollando miedo a salir con más personas.


No te voy a desgastar con toda la explicación neuroquímica, pero en esencia, por todo lo expuesto anteriormente, si la química de la ansiedad es específica para el propósito que fue diseñada, también lo es la química de la relajación y los mecanismos que la activan. De hecho, el principal objetivo de las técnicas de relajación está relacionado con el sistema nervioso parasimpático.


¿Cómo le ayudamos a nuestro sistema nervioso parasimpático?

El Sistema Nervioso Parasimpático se encarga de proteger y reparar al organismo y es fundamental intervenir en él a través de actividades elegidas de manera consciente, para disminuir los síntomas más severos relacionados con los ataques de pánico. Existen muchas maneras para hacerlo; entre algunas estrategias a la mano, te recomiendo:


  1. Psicoterapia: Con enfoque sistémico o conductual, para poder darle un sentido más amplio, a la historia de relaciones y conversaciones sobre la cual la Ansiedad con diversos síntomas, se ha quedado en tu vida o viene a visitarte de tanto en tanto dejándote con desgaste emocional.

  2. Espacios de Meditación en donde se involucre la consciencia y conocimiento sobre tu cuerpo. Revisa la Meditación de Pazciencia y Amor propio que tengo disponible.

  3. Cultiva espacios de reto mental, a través del aprendizaje de cosas que te inquieten e interesen, tal como juegos mentales, una disciplina artística o una actividad física que requiera algún tipo de concentración y guía especifica.

  4. Práctica estrategias de Minfulness en diversas áreas de tu vida cotidiana.

  5. Visita al médico(a), al endocrinólogo(a) y en algunos casos, será necesario acudir a Psiquiatría.

Recuerda: Ningún proceso real de gestión de tus emociones ocurre de un momento para otro. Paso a paso, día a día, encontraremos la solución.


Te espero en el Psicoprograma "Deja ir la Ansiedad".


Carolina Leguizamón M.

Psicoterapeuta.

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