Dos trampas emocionales: Algunas ideas derivadas de la terapia breve estratégica.

Actualizado: mar 25


Los seres humanos entramos en trampas emocionales cuando usamos la misma estrategia a la hora de solucionar distintos problemas. Hoy te quiero hablar de dos.


La primera trampa emocional es la referida a generalizar la misma solución a un problema originado en momentos diferentes de nuestra vida, porque ese problema comparte similitudes con experiencias previas. Por ejemplo, hay personas que saltan de una relación de pareja a otra, utilizando el mismo mecanismo y repertorio de comportamiento para encarar situaciones problema (celos, sexualidad, expectativas…) y entonces, se encuentran en círculos inacabados en donde la opción de pasar de una pareja a otra tampoco funciona; es decir, sin notarlo, el problema no radica la pareja que eligen o dejan, sino en la manera en cómo se están relacionando y están siendo para repetir ciertos patrones de pareja.


Pero no repetimos comportamientos de acción o evasión sólo porque sí o porque en el pasado nos haya funcionado para alcanzar u ocultar algo; la naturaleza también “nos impone” el funcionamiento neurofisiológico de repetir aquellos parámetros que nos han funcionado anteriormente. En esta conjunción de procesos, nuestro pensamiento nos lleva a elaborar la misma estrategia ante todo tipo de problema y eso es lo que, en caso de no salir o sobrepasar nuestra expectativa, nos lleva a lo que llamamos frustración.


En el caso de los trastornos de Ansiedad, una de las cosas que puede estar relacionada, es que en las manifestaciones más fuertes como los ataques de pánico, lo que sale a flote es una manera que el cerebro ya conocía para reaccionar ante una demanda exterior estresante. Para quienes sufren de fobias específicas o han vivido parálisis por eventos de Ansiedad, es crucial notar cómo, cuándo y a través de quién, nuestro pensamiento quedó con la impronta de reaccionar con tensión, huida o parálisis ante un evento estresante que despierta en la memoria de algo traumático.


Sin embargo, como siempre digo, NO somos sólo mente y cuerpo y NO todo está en nuestras manos, compromiso o pensamiento como las posturas ligeras de consumo nos hacen pensar; y esto, porque el contexto social, económico y cultural en el que habitamos y nos desarrollamos, nos permite (o restringe) una serie de herramientas de bienestar o búsqueda del mismo. Al menos en lo que concierne en lo que podemos agrupar como “Occidente”, hemos sido educados y educadas en la racionalidad y la lógica; el problema es que tendemos a aplicar estos conceptos en momentos donde no se pueden aplicar. Muchas estrategias de amor, sexualidad, desarrollo, educación, salud, el llamado empoderamiento, entre otros, no le funcionan a todas las personas por igual, porque están elaboradas sobre una lógica preconstituida con base a una teoría que no tiene en cuenta la realidad en la que estamos.


Emoción, cuerpo y mente


Hay una creencia muy extendida, de hecho en algunas posturas, que dice que definimos nuestros patrones conductuales en nuestra infancia. Si bien en mi ejercicio psicoterapéutico miramos el pasado para trabajar los mandatos, ACLARO que nuestro pasado NO es una explicación lineal, ni exclusiva, ni tampoco causal de nuestra vida. Como hombres y mujeres en la adultez, la realidad no es lo que nos han impuesto en nuestra infancia, sino lo que nosotros hacemos con los demás y con nosotros y nosotras en esa relación con otros y otras.


Entonces, nuestra tarea con respecto a la revisión biográfica es observar de la mano de la Psicoterapia, cuáles han sido nuestras tentativas de solución y, si no funcionan, cambiarlas y dejar de insistir, que es lo que solemos hacer espontáneamente. Es importante dejar de insistir en aplicar soluciones disfuncionales y saber cambiar la estrategia.


Hacer lo que he venido haciendo porque en algún momento me funcionó, sólo hará que plantee de manera equivocada una solución a un problema nuevo y complejo. Eso es una trampa emocional, pero hay otra importante que quiero hoy introducir.


La segunda trampa emocional radica en decir que todo depende de modelar el pensamiento y enfocarlo sólo en "lo positivo de todo", y vamos por ahí diciéndole lo mismo a personas con historias sociales, económicas, culturales, políticas, ambientales, sexuales y emocionales diferentes. ¡Grave error! De hecho, es un mito moderno que viene de esta filosofía americana del “piensa positivo y todo irá bien”. Esto es algo que ya se había propagado antes en la década de los sesenta con la beat generation o la new age, y ahora con las filosofías tibetanas descontextualizadas y el “piensa y produce”.


Si le digo a una persona que está deprimida que piense en positivo lo único que obtendré es que se deprima aún más y tendrá un efecto contrario, como sucede con todos los problemas compulsivos. Pensar en positivo para superar el dolor produce el efecto contrario en personas que se encuentran en sufrimiento emocional (Ya no sólo me deprimo debido a mi interpretación de lo que sucede y las condiciones neuropsicosociales vinculadas, sino que también me deprimo por mi incapacidad de ver lo positivo de la vida a pesar de que para los demás es tan evidente).


Y entonces estarás diciéndome: Carolina, ¿estás diciendo que la calidad de vida de una persona que piensa negativo es la misma que una que sólo piensa positivo?, y mi respuesta es NO y no es el punto que intento plantear; entonces, ¿Cuándo funciona este tipo de pensamiento? ¡Cuando las cosas ya van bien! Entonces sí que puedes lograr que las cosas vayan aún mejor; pensar en positivo cuando hay cosas trágicas hace que eso vaya todavía a peor.


¿Eso quiere decir que si alguien está triste o pasando por un momento doloroso debo dejarle en su sentir denso y gris?, NO. Para empezar ni lo dejes, ni le invadas, ni le aconsejes, ni le invisibilices. Yo conozco personas que están tristes porque se esfuerzan en ser felices. A esta gente hay que enseñarle, al menos una vez al día, a darle un espacio a esta tristeza y hacerle concentrar en las cosas que le hacen sufrir para que tomen conciencia. El efecto puede ser doble: o pones toda tu tristeza en este espacio y luego quedas libre, o cuanto más intentas estar triste voluntariamente tu cabeza irá en dirección contraria. Con este efecto paradoxal bloqueas tu tristeza y reaccionas. Esta es “la técnica de la peor fantasía”, que es exactamente la opuesta al pensamiento positivo.

Te abrazo y te espero,


Carolina Leguizamón M.

Psicoterapeuta.



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