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Invitando a la Vulnerabilidad.

A propósito de nuestro espacio de terapia grupal de 9 sesiones y 9 temas que haremos a lo largo de este 2022, en donde nos dedicaremos a aprender herramientas de gestión sencillas para atender temas difíciles de nuestra vida, quiero hoy hablar sobre la invitación a la vulnerabilidad en el contexto de pareja y creo que aplica para culquier relación íntima. La experiencia de abrirnos y cuidarnos en vulnerabilidad, será uno de los temas que abordaremos en nuestras sesiones.


"¿Cómo puedo invitar a mi pareja a ser vulnerable?" Esta es una pregunta que me hacen a menudo, y surgió bastante en el trabajo con algunas parejas durante el 2021. En mi trabajo con parejas, siempre surgen preguntas sobre la "invitación a la vulnerabilidad". Una dinámica común que veo es la de un miembro de la pareja que comparte abiertamente sus sentimientos -los claros y los oscuros- y que se queja de que su pareja no comparte de la misma manera. "¿Por qué no quieres hablar conmigo?", reclaman. "Deberías poder contarme todo. ¿No confías en mí?" Para ellos(as), "hablar de las emociones" es la expresión de la intimidad y experimentan el silencio de su pareja como evasión y distancia. Choca con su creencia de que no hay que experimentar el rechazo en las relaciones íntimas. "¡Yo te lo cuento todo; tú no compartes nada conmigo!"


Por mucho que nos duela, no tenemos derecho a acceder sin restricciones a los pensamientos privados de nuestros seres queridos. Aunque podemos invitar a alguien a ser vulnerable con nosotros(as), no podemos forzarle. Y aunque podemos pedir una invitación a la vida interior de nuestra pareja - "¿qué tienes en mente?"-, no podemos exigir que nos admitan. Para mí, el concepto de "invitar a la vulnerabilidad" tiende a centrarse demasiado en la última palabra: "vulnerabilidad" y no lo suficiente en la primera: "invitar". Esta es la palabra que nos ofrece un camino práctico hacia lo que más deseamos: la intimidad, pero también es la que conlleva más riesgos. Cuando extendemos una invitación a alguien, también tenemos que reconocer el poder que conlleva su libertad de elección. Cuando preguntamos "¿quieres venir conmigo?", pueden decir que sí, que no, o que quizás en otro momento. Pero la forma en que responden tiene mucho que ver con la forma en que los invitamos.



Brené Brown define la vulnerabilidad como "la incertidumbre, el riesgo y la exposición emocional, esa sensación inestable que tenemos cuando salimos de nuestra zona de confort o hacemos algo que nos obliga a perder el control". Partiendo de esta definición, me gustaría añadir que si queremos que nuestra pareja sea vulnerable con nosotros(as), tenemos que aceptar que la verdadera vulnerabilidad no es un mandato. Es un resultado posible que surge de la cercanía y la confianza. Y hay más de una forma de desarrollarla.


Las cosas bonitas que nuestra pareja hace por nosotros(as), esos pequeños gestos de atención, el compartir proyectos en un espíritu de colaboración, también son actos vulnerables. Una sonrisa inapreciable o un guiño oportuno expresan complicidad y sintonía, sobre todo cuando no hay palabras. Hay una razón por la que, treinta años después, "Los 5 lenguajes del amor" de Gary Chapman perdura como una clave relacional para determinar cómo preferimos dar y recibir.


Si queremos invitar a la vulnerabilidad -si queremos permitir que los vínculos íntimos profundos vivan y respiren en nuestras relaciones- tenemos que asumir el riesgo que conlleva la invitación. Escribe tu carta de amor y dásela. Invítale a leerla. Deja de esperar que te respondan. Deja de lado cualquier expectativa. ¿Qué puede ocurrir cuando permitimos que alguien experimente nuestro amor como quiera, sin la presión de una reciprocidad idéntica? La respuesta puede sorprenderte.