Duelo migratorio: Una invitación a conectarte y rediseñarte.

Actualizado: ago 18

“Yo soy una desarraigada nata. Yo voy conmigo a todas partes. Mi mundo soy yo, mis sueños. Cuando voy a un país o a cualquier sitio, yo lo transformo en lo que a mí me interesa, y dejo lo que no me interesa: no lo veo" Ana Matute


Uno de los fenómenos que remueven sociedades, familias, redes y hasta procesos sociales en el mundo es la migración. Cada vez más se incluye la posibilidad de emigrar como otro paso más en la vida por los deseos de mejorar en algún ámbito, conocer y experimentar cosas nuevas, consolidar un proyecto de familia o pareja, expandir horizontes profesionales u ocupacionales, maravillarse con nuevos sentires… y no olvidemos las migraciones por las condiciones de vida violentas u otros conflictos. En cualquier caso, embarcarse en un proyecto que implica dejar o soltar familia, amigos, cultura, certezas adquiridas, rutinas, comidas, lenguajes… inevitablemente deriva en un trabajo personal intenso de adaptación, descubrimiento, conexión y duelo. 


El duelo migratorio es un tipo de elaboración de la pérdida que empieza cuando una persona emigra. Es un proceso que puede culminar en bienestar o dolor, ya que cuestiona los recursos y estrategias de adaptación de cada uno y moviliza emociones ambiguas haciendo que el duelo también lo sea. Puede resultar el más simple de los duelos, pero conlleva una serie de circunstancias que pueden hacer que se complique y trastoque todas las áreas de la vida de una persona. 


Esta experiencia de cambio lleva a la persona a trabajar en dos direcciones: la adaptación a lo nuevo y desconocido y la elaboración del duelo. Cada proceso de duelo es diferente, y el logro de estos objetivos se verá influenciado por características personales, las condiciones de la migración, el país de destino, el apoyo social, la nacionalidad, la edad…



A veces ocurre que se produce una “pseudointegración”, por la que de cara a la sociedad la persona está perfectamente integrada, sin embargo en su privacidad encontramos mucho sufrimiento. Habrá que prestar especial atención a los factores de vulnerabilidad (relativos a la historia personal, presencia de enfermedades o desordenes emocionales previos, entre otros) que puedan marcar el proyecto de migración y de vida de la persona, procurando siempre entender que el duelo migratorio es un proceso muy peculiar:


– Es un duelo múltiple: durante la migración se dejan atrás muchas cosas (familia, amigos, idioma, costumbres, nivel social…).


– Es un duelo parcial: al contrario que las pérdidas por muerte, en el duelo migratorio la pérdida no es irreversible. Esto, junto a las emociones contradictorias marcadas por un lado por la nostalgia y por el otro por las expectativas que idealizan la nueva situación hacen que sea un proceso ambiguo y agridulce, y de seguro para muchas personas lleno de emoción y logros.


– Es un duelo recurrente: es una experiencia que se reactiva muy a menudo con cada llamada del país de origen, cada referencia a la propia cultura o cada reto que confronta a la persona con la necesidad de ampliar los horizontes desde los cuales desarrollar su identidad personal, ocupacional y vital en el nuevo país de acogida.


El duelo migratorio es el gran “estar entre” dos países, dos culturas, dos grupos de personas, dos planteamientos vitales, dos emociones enfrentadas… Afrontando las ganancias y pérdidas, los riesgos y beneficios que supone la nueva situación poniendo a prueba nuestras capacidades de adaptación y preparación psicológica para el cambio. 


Habrá veces que se necesitará una ayuda a nivel psicológico y social por las circunstancias que rodean el proceso de duelo migratorio y lo que éste haya supuesto en relación a los recursos personales. Una ayuda que favorezca la adaptación en el nuevo entorno mientras se siguen manteniendo las conexiones con las raíces del que se deja e integre un trabajo emocional correspondiente a la vivencia de cada uno. 


En términos generales, ante procesos de duelo migratorio con adolescentes, jóvenes o adultos, es importante trabajar alrededor de:


1. Motivación para el cambio y estrategias de modelamiento de pensamiento 2. Capacidad de establecer vínculo y estrategias de comunicación afectiva y efectiva más allá del lenguaje verbal 3. Capacidad de insight y autoobservación, a través de prácticas de autoestima y autoconcepto 4. Pensamiento divergente y creatividad, a través de la recuperación de la capacidad de creación personal 5. Tolerancia ante la ansiedad y la frustración y estrategias de manejo emocional y promoción del autocuidado y bienestar


Migrar es expandir el corazón y regar semillas como diásporas por nuevas cartografías; es ensanchar el corazón a la humanidad y rediseñar desde el amor y compromiso nuestras relaciones, es volver a ti, porque te encontrarás siendo más tú que nunca. No desfallezcas! que aún cuando regresemos a nuestro país de origen, no seremos los mismos.


Te abrazo y espero en Psicoterapia.


Carolina Leguizamón M. Psicoterapeuta.

ELLA MIGRA MARCA REGISTRADA

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