¡Dar la bienvenida al 2021!

¡Hola!

Sin duda el 2020 podría ser uno de esos grandes maestros que uno tiene en la vida. Los maestros no llegan siempre de la misma manera, ni con grandes honores, ni llenos de gozo. A veces llegan de golpe, sin anestesia y con mucha contundencia.


Los maestros son personas, situaciones, lugares y relaciones que nos vienen a mostrar con espejo y no con lupa, de qué estamos hechas y hechos, de dónde venimos, qué puertas siguen abiertas en nuestro camino, qué herida sagrada nos toca sanar aún y quiénes estamos siendo para que el mundo y relaciones a nuestro alrededor estén como estén.


A los maestros no se les puede resistir, entre más resistencia más sufrimiento, a los maestros se les escucha y se les interpela con narrativa, con humildad, con empatía, con honestidad y con dureza. Uno puede oponerse a ellos todo lo que quiera, pero la verdad es que no se van hasta que no aprendamos la lección individual y colectiva que, en el orden social, mental, cognitivo, emocional y espiritual, necesitamos.



Así que deseo que este año aprendas y profundices en tus caminos, migraciones, dolores, alegrías, amores, desamores, libertades, creaciones y pasiones, de una manera resiliente, creativa y paciente. Como diría Virginia Gawel:




Hoy volveré a nacer: pido permiso. Permiso útero, permiso cordón prieto. Permiso agua, placenta, oscuridades. No podrá retenerme la tibieza plácida y calma del vientre cobijante. No podrán disuadirme las presiones de este túnel de carne que hoy me puja.

Con decisión inequívoca y sagrada determino nacer: me doy permiso. Y aquí estoy, desnudo de corazas, dispuesto a recibir besos y abrazos (no la palmada que provoque el grito: ya no permitiré que me golpeen).(...)

Tengo coraje para empezar de nuevo: fortalecido en mis fragilidades lloro de dicha, de dolor… Lloro de parto. Lloro disculpas a quienes no me amaron, por el maltrato, el frío, el abandono: lloro la herida de todo lo llorable. Y lloro de ternura y de alegría por tanto recibido y encontrado: lloro las gracias por el amor nutricio, por la bondad de los que me ampararon.(...)

Me perdono y perdono a quien me hiriera. Vengo a darles y a darme íntimamente una nueva ocasión de parimiento a la vida que siempre mereciera. Me la ofrezco y la tomo. Me redimo. Con permiso o sin él, YO me lo otorgo: me doy permiso para sentirme digno, sin más autoridad que mi Conciencia.

Bendito sea este Renacimiento.


Un abrazo muy grande de alma a alma.


Te espero en Psicoterapia,


Carolina Leguizamón M

Psicoterapeuta

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