Perdonar es retomar el control y el poder de tu libertad.

Actualizado: ago 18

Todos los seres humanos tenemos una herida sagrada. A veces una situación, los cambios, el migrar, una persona o un evento inesperado, activan ese dolor oculto. Esa herida viene de historias que no tramitamos de manera adecuada, de historias de nuestra infancia de incomprensión o de historias que creímos haber sanado pasando rápido y de largo en ellas.


Las causas son en el fondo las mismas para todos. En la búsqueda de ser amado o de dar amor, pasan muchas cosas. Nos mienten, mentimos, nos hieren, herimos, nos engañan, engañamos, nos lastiman, lastimamos, nos humillan, humillamos, nos burlan, burlamos.


Nos enseñan en la infancia a cómo nombrar el mundo y las emociones según las creencias establecidas y nos dividen en lo positivo y lo negativo y así nos encontramos en la adultez sin saber dónde poner y cómo tramitar la rabia o la tristeza. Y es que no hay tal, quedarse estáticamente en cualquier emoción es sólo una ilusión del ego.

Trabajando con mujeres a lo largo de estos años y con niños en primera infancia, he visto en mis espacios de consulta psicológica la inocencia que se esconde en todas las emociones y lo peligroso que resulta reprimirlas o dividirlas en buenas o malas.

En mi vida personal, también he sido herida y me he sentido herida. Siempre hago todo con la mejor intención, ayudo, entrego, regalo, abro las puertas de mi casa, de mi empresa y de mi vida sin pensar si saldrá bien o mal. A lo largo de los años, me he podido dar cuenta que algunas cosas salen bien y otras no, que algunas personas entienden de qué se trata esto y otras no, que algunas personas tienen la intención de hacer daño y otras no, que algunas personas entienden que construir es hacerlo juntos y otras no, que algunas personas entienden que en la vida he cambiado y otras no, que algunas personas entienden que se vino a la tierra a vibrar alto y otras no, que algunas personas se esfuerzan en figurar y otras no, que no todos corresponden lo que con amor entregas y que algunas personas viven y mueren sin saber qué es el perdón.


Yo preferí que la profundidad con la que veo mi vida se convirtiera en mi mayor practicidad y descubrí que el perdón no significa que me lo aguante todo, que olvide todo, que me reconcilie, que busque reparación o que permita que otros abusen, sino que libero y me libero de la culpa para poder aligerar la carga y vibrar más alto. La vida es lo que es y somos nosotros los que la interpretamos. Por problemas más pequeños que los míos muchos se han suicidado, con mucho más dolor en el corazón, otros en cambio, han entendido que no hay más salida que el perdón.


Perdonar es un proceso de reconocer el dolor del que hemos sido presas, el dolor que nos ha hecho tener máscaras o escondernos tras defensas, es liberarnos de la culpa y del afán neurótico de pensar en lo que se hizo mal y de qué hubiera pasado si lo hubiera hecho de otra manera. Los sucesos son los que son y nuestro poder está en renacer en ellos y con ellos como el ave fénix. Perdonar es dejar la culpa y la rabia para caminar ligero sin dejar de amar, y confiar en que la inocencia de la vida nos protege y acompaña en cada paso.

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Gracias a los comentarios que recibí en las historias compartidas de mis redes sociales, en las consultas personales que varias mujeres me hicieron sobre alguna experiencia dolorosa en su vida que les ha costado tramitar y liberarse de ella, y finalmente, gracias a las mujeres que han decidido asistir a consulta conmigo e invertir en calidad y calidez en su salud mental, te presento a continuación algunas claridades sobre el Perdón:



¿Qué es perdonar?


En 2016, la Asociación de Psicología Americana (APA) publicó una recopilación de investigaciones en torno a la psicología del perdón y la reconciliación en el ámbito de conflictos con repercusión a escala social y familiar. En el documento, titulado «Forgiveness: A Sampling of Research», la APA define el perdón como un proceso (o el resultado de un proceso) que involucra un cambio en las emociones y actitudes hacia un ofensor que disparo una experiencia de victimización, dolor o vulneración.


El perdón es un proceso complejo que necesita de transformaciones profundas en las concepciones que tiene una persona sobre un hecho. Estos cambios incluyen componentes, tanto cognitivos como afectivos muy importantes. Cuando nos hemos visto envueltas en las consecuencias de hechos difíciles, dolorosos, traumáticos o violentos y no hemos hecho un cierre adecuado de ellos, experiencias de desamor, venganza, hostilidad, abandono, agobio, desesperanza, rabia, frustración, tristeza, miedo, desconfianza y competencia vuelven a nuestra vida en forma de patrones de comportamiento que se repiten en circunstancias y con personas diversas.

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Las experiencias de No perdón en nuestra vida, se asocian con eventos de estrés, ansiedad, tristeza, consecuencias en nuestra salud física de diferente índole y dificultades en establecer y mantener patrones de relación auténticos, seguros y perdurables en los vínculos con los otros.


¿Qué no es perdón?


El perdón es un proceso independiente que no debe ser confundido con excusar, condonar, indultar ni olvidar. Según la APA, todos estos son, a la vez, procesos individuales que involucran otro tipo de concientización y no conllevan los mismos resultados. De este modo PERDONAR NO ES:


- Excusar implica tomar la decisión de no responsabilizar a una persona o grupo por una acción.

- Condonar supone que no vemos la acción como negativa o inadecuada y que no consideramos necesario perdonar a su autor.

- Indultar equivale a absolver a una persona de las acciones hirientes por los que había sido condenada, y le corresponde únicamente a una figura social representativa.

- Olvidar es hacer una suerte de amnesia temporal


¿Qué te permite el perdón?


- Una mejora en la salud física y mental

- Una restauración del sentido de empoderamiento personal

- Una posibilidad clara y sana de relación entre la situación desencadenante y tu presente

- Una sensación de esperanza por la resolución de un conflicto

- Un cambio consciente de tus esquemas de vínculo afectivo con otros

- Una experiencia de liderazgo total sobre tu libertad de Ser y Hacer

- Una reestructuración evolutiva de tus procesos de aprendizaje, socialización y logro de metas

- Una conexión con el presente, la creatividad y la pasión

- Un enamoramiento profundo y no narcisista de ti misma y tu grandeza

- Una validación y riqueza de tu experiencia emocional, espiritual e intelectual

- Un respiro profundo a tus relaciones sobre la base del agradecimiento, la ternura, la verdad y la autenticidad

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¿Hay pasos para el perdón?


Están de moda los procesos ligeros que te invitan a seguir rutas para “liberarte” de cargas en tu vida, y yo, que he recorrido el Coaching con perspectiva Cuántica y Ontológica, que he caminado en escenarios espirituales e indígenas, que he estudiado procesos psicológicos diversos y que he hecho mi propio camino del perdón, te puedo decir que no hay fórmula única y que el real perdón se logra tras vivir procesos profundos de autoconocimiento y sanación espiritual y emocional de la mano de maestros y profesionales expertos, de espacios de autorreflexión y soledad con propósito, y de compañía de mujeres y hombres conscientes.


Por esto no hay formulas únicas, sino que somos nosotras las autoras de los mejores y más bellos procesos de sanación en la búsqueda y reconexión con nuestro Ser auténtico.

Algunas ideas que son claves para perdonar son las siguientes:


El perdón es para quien lo concede, no para quien lo recibe.


Dirigirse al perdón es reconocer qué, cómo, dónde, por qué y para qué experimentamos el dolor, la rabia, la frustración y el sentirnos heridas con algo o alguien. Es darse la posibilidad de vivir y sentir todo a profundidad incluyendo lo que nos cuesta, incluyendo el sentirnos víctimas porque efectivamente lo pudimos haber sido. Es no evadir estas experiencias, sino mirarlas, nombrarlas y reconocer su presencia en nuestra vida.


Una vez hecho esto, es importante entender cuál fue el contexto (situaciones) de esas emociones y entender que acercarnos al perdón será una experiencia que es por y para nosotras, pues puede que nos encontremos con que el otro(a) no esta preparado para entender, recibir ni escuchar o que simplemente ya no este disponible para hacerle llegar nuestro mensaje.


El perdón es ubicarnos en el presente, honrando lo vivido.


Una vez validadas las emociones, es necesario dirigirnos a la experiencia de la Empatía primero hacia nosotras mismas, dándonos amor propio en el sentido de reconocer que las cosas que ocurrieron se dieron desde el nivel de consciencia que los demás y nosotras teníamos en ese momento, y por tanto lo único que podemos cambiar es la experiencia presente de liberarnos de la culpa y la rabia para tornarlos en energía creativa.


En este lugar me ha maravillado ver en mi consulta, cómo mujeres de diferentes partes del mundo han convertido experiencias de dolor, abandono, traición, enfermedad, desamor o violencia que vivieron en pareja, familia, amigos, negocios, trabajos o a nivel social y político; en experiencias de creatividad, empoderamiento personal y fuente de creación y servicio para ellas, el mundo y sus familias con resultados asombrosos de emprendimiento, pasión y vitalidad.


El perdón toma (y debería tomar) tiempo.


La obsesión con el perdón es tan malsana como la obsesión con la venganza. Perdonar, dice Luskin, toma tiempo y uno debe tener plena conciencia de ello para evitar ejercer presión sobre sí mismo y «dejar que las heridas sanen y que la mente se recupere».


Cuando se trata de conflictos o experiencias significativas y de impacto, la psicoterapia es fundamental para ayudar a las personas a asimilar lo ocurrido y apoyar el proceso de perdón, que tampoco tiene por qué suponer un proceso de reconciliación, sino de liberación personal.


Te abrazo y espero en Psicoterapia.


Carolina Leguizamón M. Psicoterapeuta.

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