Duelo migratorio y emociones en migración.

Actualizado: abr 8

“Yo soy una desarraigada nata. Yo voy conmigo a todas partes. Mi mundo soy yo, mis sueños. Cuando voy a un país o a cualquier sitio, yo lo transformo en lo que a mí me interesa, y dejo lo que no me interesa: no lo veo.”

Ana María Matute


"Mis abuelos nacieron en Francia, migraron a Colombia y yo ahora estoy en Bruselas"; " Mi mamá nació en el campo, en el sur de Chile, por falta de oportunidades, vinieron a Santiago y acá estamos"; "La situación se puso difícil, empezó con crisis políticas, luego sociales, luego la comida, luego la violencia, salimos de este pedazo de Venezuela y Colombia, ahora estamos en Alemania"; "Lo conocí como AuPair y nos enamoramos, sólo teníamos en común el inglés y al final decidí casarme con él y vivir en su país, acá estoy, en Holanda aprendiendo de cero todo, empezando por el idioma"; "Apliqué a un trabajo desde México y me salió en Alemania, realmente hemos trabajado y vivido en varios países"


Hay muchos motivos para migrar, y tantas historias y emociones particulares como seres humanos que emprenden el viaje y se mudan de vida y relaciones. No hay un proceso de migración igual a otro, aunque podamos hablar de condiciones y situaciones marco generales. La migración es el fenómeno de moverse temporal o definitivamente del lugar habitual de residencia hacia un nuevo lugar de acogida dentro del propio país o a través de fronteras internacionales.


Migrar remueve como pocas experiencias en la vida, nuestros anclajes vitales y nos encara con todo lo claro y oscuro de nosotros mismos; nos pone de frente, al desnudo y en honestidad con nuestros miedos, sueños, visiones, dolores, alegrías y nuestro Ser. Nos encuentra con la profundidad humana y belleza del amor en su máxima expresión, porque es a través de él, que nos embarcamos en un viaje de auto-descubrimiento, encuentro con la diferencia y agenciamiento de la propia vida más allá de las circunstancias.


Independientemente de si vuelves a tu lugar de origen, la migración te marcará para siempre en un antes y un después, no serás la misma alma que fue y regresa, tendrás una identidad llena de matices, sabores, olores y sentires. La migración es profundizar en tus raíces (familiares, inconscientes y culturales) y sanar lo que ya no está, lo que se ha ido para siempre, lo que te costó y la que fuiste... es Ser tu hogar y hacer de cada morada un profundo presente de posibilidades. La Migración es agrandar tus alas, para integrarte a ti misma como un ser sexual, espiritual, biológico, social, cultural, revolucionario, pensante, sensual, mental y emocional.


La migración te esta invitando a que sueltes el control, a que te abras a la humildad, a que cultives la paz-ciencia, a que no huyas de tu dolor ni de la incomodidad porque a donde sea que vayas cargarás contigo como único equipaje, a que vivas todas las emociones sin aferrarte a la no sana intención de mantenerte sólo en la alegría o en la tristeza.


La migración es un acontecimiento importante en la vida, que influye profundamente en la psique de los seres humanos. Por ello, este fenómeno supone un factor de riesgo para la salud mental. Pero para que el tratamiento de las alteraciones psíquicas que conlleva el proceso migratorio pueda resultar eficaz, es necesario un conocimiento de la cultura de origen del inmigrante, de sus valores y de su concepto de salud. Esta experiencia de cambio lleva a la persona a trabajar en dos direcciones: la adaptación a lo nuevo y desconocido y la elaboración del duelo. Cada proceso de duelo es diferente, y el logro de estos objetivos se verá influenciado por características personales, las condiciones de la migración, el país de destino, el apoyo social, la nacionalidad, la edad, entre otros factores.


El duelo, la ansiedad, la depresión y el estrés son las principales experiencias que las personas experimentan en el marco de los procesos migratorios. Estas condiciones de salud mental han despertado el trabajo cada vez más articulado y urgente de organizaciones locales, profesionales y proyectos internacionales en materia de derechos humanos y desarrollo económico. La integración activa a las dinámicas locales del país receptor está estrechamente relacionada con la motivación, la salud mental y física y la oportunidad de desarrollar, fomentar y adquirir habilidades que aporten al desarrollo personal y a la construcción de redes transnacionales.


En los espacios de intervención individual y grupal de Ella Migra abordamos herramientas y estrategias para gestionar nuestras emociones de manera efectiva y afectiva en el proceso migratorio. Habrá que prestar especial atención a los factores de vulnerabilidad que puedan marcar el proyecto de migración y de vida de la persona, procurando siempre entender que el duelo migratorio es un proceso muy peculiar:


– Es un duelo múltiple: como decíamos antes, durante la migración se dejan atrás muchas cosas (familia, amigos, idioma, costumbres, nivel social, roles profesionales, roles familiares, prácticas de relación y alimentación, actividades sociales y culturales…).


– Es un duelo parcial: al contrario que las pérdidas por muerte, en el duelo migratorio la pérdida no es irreversible. Esto, junto a las emociones contradictorias marcadas por un lado por la nostalgia y por el otro por las expectativas que idealizan la nueva situación hacen que sea un proceso ambiguo y agridulce.


– Es un duelo recurrente: es una experiencia que se reactiva muy a menudo con cada llamada del país de origen o visita al mismo, cada referencia a la propia cultura…


El duelo migratorio es el gran “estar entre” dos países, dos culturas, dos grupos de personas, dos planteamientos vitales, dos emociones enfrentadas… Afrontando las ganancias y pérdidas, los riesgos y beneficios que supone la nueva situación poniendo a prueba nuestras capacidades de adaptación y preparación psicológica para el cambio.


Habrá veces que se necesitará una ayuda a nivel psicológico y social por las circunstancias que rodean el proceso de duelo migratorio y lo que éste haya supuesto en relación a los recursos personales.


Dentro de mi quehacer como psicoterapeuta en los últimos años, me han llamado la atención estás reflexiones de mis consultantes, que son muy claves para pensarnos el proceso de migración:




Crisis no solo es sinónimo de oportunidad. Esta distinción utilizada mucho en líneas de trabajo como el Coaching no es aplicable a la naturaleza de la estructura psíquica de los seres humanos, aunque la podemos implementar si lo que queremos es programar nuestro pensamiento. Para muchas personas en sufrimiento emocional o con cuadros de emociones complejas y difíciles de tramitar a lo largo del tiempo, no siempre la crisis les esta mostrando oportunidad para que se mantengan en su camino; por el contrario les esta mostrando que requieren terminar para siempre con una relación o situación, volver al lugar del que partieron o la entrada a una crisis mayor; por supuesto con el tiempo lo veremos como una oportunidad, pero cuando la persona se encuentra en estado de crisis, lo más prudente es entender la herida que la crisis está recordando o tocando, sanarla, abrazarla con empatía y luego decidir lo siguiente. El aprendizaje depende también de un estado emocional, así que primero dispón tu alma con profundo amor propio.


El auto-conocimiento en potencia. Diría Neruda, "nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos". Migrar nos pone en el centro de nosotros mismos y en el marco del mundo representado en nuevos acentos, maneras de relacionarse, experiencias culturales, emociones y maneras de nombrarlas y vivirlas. Nos hace transitar por el famoso libro de "Los 4 acuerdos" y nos hace hacer una maestría en cambio y liderazgo. Si en algún momento decidimos regresar, nos pone de nuevo con nostalgias de lo que fue y de cómo la vida con su paso y nuestras decisiones, nos va cambiando a nosotros, a quienes nos rodean y a quienes dejamos al migrar... ¿Hacia dónde te están llevando tus decisiones?


La emigración idealizada. A través de los medios de comunicación se ofrece una imagen idealizada de la migración. Se dibuja como un Erasmus, una aventura que lleva implícita un eslogan subliminal que asegura que fuera se vive mejor. Estas ideas hacen que perdamos de vista las complejidades que supone la adaptación a otro país, otra cultura y en muchas ocasiones, otro idioma. Muchos expatriados o inmigrantes, al ver que su cotidianidad no es como esperaban, se preguntan: "Pero, ¿qué estoy haciendo mal?". Parte de mi trabajo consiste en dejar claro que no son los únicos que se sienten así y que lo que les sucede es normal; que estamos haciendo lo que podemos y en la medida en que: paremos, bajemos el ritmo, nos habitemos e integremos primero con nosotros mismos, definamos nuestros valores y sueños y aprendamos a apreciar, agradecer, sentir y no tomarnos todo personal; podremos desarrollar habilidades de auto-conocimiento, resiliencia y gestión emocional para hacer de la experiencia migratoria una manifestación de abundancia y realización a todos los niveles.


El perfil de quien busca ayuda. Las personas que buscan terapia no suelen ser siempre, recién llegados a sus países de acogida. Al principio, los inmigrantes están tan concentrados en su integración que, en cierto sentido, se desconectan de lo que ocurre en su interior. Es con el paso de los años, cuando ya han conseguido varios objetivos, cuando empiezan a sentir un malestar incierto, que puede deberse a varias razones.


Nos seguimos leyendo, un abrazo.


Carolina.